A mis 41 años y todavía con amores platónicos. Ya estoy grande para eso.
Pero aunque la verdad duele, que jamás me van a corresponder igual, es mejor ahora que después.
La vida sigue. Alguien más llegará. Algún día.
A mis 41 años y todavía con amores platónicos. Ya estoy grande para eso.
Pero aunque la verdad duele, que jamás me van a corresponder igual, es mejor ahora que después.
La vida sigue. Alguien más llegará. Algún día.
Oficialmente me acaban de batear; bueno, no... de "liberar". Pero no es algo necesariamente malo. Es más bien la consecuencia y el agradecimiento por tomarse el tiempo de informarme y dar gracias por los momentos vividos.
La verdad comprendo que las cosas no iban a funcionar porque simplemente nuestras prioridades de vida eran distintas al menos en lo espacial, ya que él decidió irse de Querétaro por una mejor situación laboral. Y no lo culpo. Él está en su derecho de establecerse como desee, así como yo estoy en mi derecho de decidir quedarme donde estoy hasta donde sea posible.
Sobre todo agradezco que me lo haya dicho, porque justamente yo estaba procesando el hecho de que se fue sin decir palabra y asumí que ya se había acabado este asunto. Como siempre, la duda del "¿qué hice mal?" existía y yo sin saber cómo resolverlo. Pero gracias a un amigo logré comprender la situación y simplemente dejarlo ir.
Y ahora viene y se despide de mí. Lo agradezco mucho.
La vida sigue, pero al menos tengo la capacidad de poder relacionarme y seguirlo intentando.
Te prometo, en honor a tu confianza, que lo trataré en la primera terapia que tome.
Y así lo cumpliré.
Pero su "último" tuit me dio mucha tristeza, y me generó un poco de ansiedad.
No estoy listo para morir. Gran sorpresa. Pocos lo están. No solo en la parte legal/fiscal, sino hasta familiar. Pero enviar tu último tuit, tu última interacción en redes sociales... da un poco de miedo.
El otro día le platicaba a alguien muy querido mi "plan" de preparación. Con mi familia ya tenemos pagado nuestros servicios funerarios y hasta la cripta donde vamos a reposar todos. Suena raro, pero apoyé la idea porque cuando alguien de nosotros requiera según disponga Dios los servicios, los demás podrán enfocarse en la pérdida sin preocuparse por las cuestiones legales.
Y, sin embargo, llevo muchos años pensando en el momento en que voy a morir. "¿Cómo se sentirá?", me pregunto. Y temo decir que ha afectado un poco mi fe en la Vida Eterna que Jesucristo nos menciona. No me preocupa, que debiera, si he sido buena persona y seré digno del Paraíso. Me preocupa más el mero momento en que deje de respirar.
También reconozco que he trivializado el tema pensando en dejar mi voluntad en un documento electrónico con miras a que alguien que designe se encargue de cerrar apropiadamente mi vida digital, y a gestionar mi colección de juegos y demás cosas porque mi familia ha declarado que no sabrá cómo disponer adecuadamente de todo lo que tengo. Entonces lo ideal sería, creo, designar a alguien de mucha confianza para que distribuya y/o venda mis cosas según lo indique. Me preocupa también quién será ahora porque la persona que tenía asignada prefiero mantenerla alejada por su actitud hacia mí. Pero esa es otra historia.
Sé que tengo mucho por hacer para procurar una vida y, espero, una vejez digna y sana. En todos los aspectos, físico, económico, social, sentimental, familiar. Pero no, solo me la paso pensando si voy a morir en paz o me va a pasar algo trágico.
Me cuesta trabajo recordar cosas bonitas que hacía con mi padre. La relación con él siempre fue difícil y admito que muchas veces lo evitaba para evitar confrontaciones; al mismo tiempo somos muy parecidos y al mismo tiempo tenemos perspectivas diferentes de vida.
Hace un momento platicando con unos amigos, recordé que cuando era niño mi papá tomó un carrito militar de plástico y le puso circuitería por debajo y una pila para poder ponerle luces reales con foquitos como los de las linternas de aquel entonces.
Me sentí raro. Primera vez en mucho tiempo que recordé algo bonito con mi padre. No es que no haya bonitas cosas en mi vida con él, solo que a veces pareciera que recuerdo con mucha más facilidad las cosas malas con él que las buenas.
A lo mejor no es justo para él, lo sé. Definitivamente no lo es para mí. Confío eventualmente ir recordando más cosas.
Hoy puse mi app de música con las canciones de mi SD del teléfono, algo que he estado haciendo de unos días para acá para variar un poco de Spotify con música que no tiene ese servicio. Entre esa música están los conciertos de varias generaciones de La Academia.
Estaba en camino a Plaza del Parque a ver qué había en el GamePlanet cuando salió esta canción. De repente me monté a ese momento hace ya casi cinco años donde, como dice la canción, "una mañana gris al abrazarnos sentimos un crujido frío y seco". Empecé a tararearla mientras buscaba alguna oferta entre los juegos de Switch.
Después la estaba cantando. Me sentí nostálgico; no por el momento per sé, sino porque es una canción que se adapta totalmente a lo que me pasó. Hacía mucho que no sentía ese grado de identificación.
No fue triste. Fue raro, quizá irónico.
Ojalá pronto pueda sentir identificación con alguna canción menos... triste.
PD: Debo aclarar que no recuerdo haber escuchado la original de Rocío Jurado, la voy a buscar.